Jueves, 30 Agosto 2018 03:37

AGOSTO: EL MES DEL CORAZÓN

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En Chile las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte con 27,1% del total de las defunciones el año 2011.

La Organización Mundial de la Salud estima que el 80% de los ataques cerebrovasculares, enfermedades isquémicas del corazón y diabetes podrían prevenirse a través del control de sus principales factores de riesgo (FR): alimentación no saludable, tabaquismo, inactividad física y consumo excesivo de alcohol.

Los factores de riesgo Cardiovascular clásicos tales como hipertensión arterial, dislipidemia, diabetes, tabaquismo, obesidad y sedentarismo, continúan siendo los de mayor impacto en la enfermedad cardiovascular. Chile ostenta una alta prevalencia de los FR mencionados.

Las modificaciones de los factores de riesgo cardiovascular han mostrado reducir la mortalidad y morbilidad, tanto en personas aparentemente sanas (prevención primaria), como en las que ya tienen la enfermedad (prevención secundaria).

La modificación de algunos estilos de vida constituye un aspecto clave para la prevención de las enfermedades. Mientras más factores de riesgo tiene un individuo, mayor es su probabilidad de sufrir un infarto o un accidente vascular cerebral.

La OMS define a los Factores de riesgo como “cualquier rasgo, característica o exposición de un individuo que aumente su probabilidad de sufrir una enfermedad o lesión”, estos actúan de forma combinada y multiplicativa.

Los factores de riesgo para la enfermedad coronaria se dividen en dos grandes grupos: los que son modificables y los que no lo son.

Dentro de estos últimos cuentan los siguientes:

Edad: La enfermedad coronaria aumenta con la edad, lo que se refleja en que el aproximadamente cuatro de cada cinco personas que fallecen a causa de enfermedad coronaria, son mayores de 65 años.

Sexo: Los hombres tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedad coronaria. Las mujeres por lo general no se ven afectadas por esta enfermedad hasta después de la menopausia.

Historia familiar – genética: Se ha demostrado que existe una tendencia familiar para el desarrollo de enfermedad coronaria. Esto se refleja en un aumento del riesgo de sufrir enfermedad coronaria cuando un familiar directo, hombre menor de 55 años o mujer menor de 65 años, ha fallecido por la causa o ha sufrido un infarto.

El segundo grupo de factores de riesgo corresponde a los modificables que, tal como lo dice su nombre, podemos cambiar mediante alguna intervención para evitar que influyan negativamente sobre nuestra salud. Entre ellos están:

  • Tabaquismo
  • Diabetes mellitus
  • Hipertensión arterial
  • Colesterol elevado o displipidemias
  • Obesidad
  • Sedentarismo
  • Factores psicosociales

Desde el año 2002, Chile cuenta con un Programa de Salud Cardiovascular del Ministerio de Salud, mediante el cual se hace un enfoque terapéutico global, en que se cambia el enfoque dirigido a tratar factores de riesgos aislados (hipertensión, diabetes, tabaquismo o dislipidemia), a otro que considera el riesgo global del individuo. Este programa de salud evalúa el riesgo de enfermedad cardiovascular en forma cuantitativa, utilizando puntajes considerando el número de factores de riesgo cardiovascular mayores modificables que posee el individuo, como lo son: la hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo y dislipidemia. Esto permite clasificar a los individuos en cuatro categorías de riesgo (bajo, moderado, alto o máximo) lo que determina, a su vez, las metas e intervenciones terapéuticas a cada caso. Una vez establecidas las metas según el nivel de riego cardiovascular, se define el manejo terapéutico de la persona.

Este tratamiento se basa en dos pilares: lograr un estilo de vida saludable y el tratamiento farmacológico.

Estilo de vida saludable

La evidencia es consistente en afirmar que un estilo de vida saludable se asocia a una disminución de la morbi-mortalidad por enfermedades cardiovasculares, y se recomienda independientemente del nivel de riesgo cardiovascular.

Un estilo de vida saludable incluye:

Abandono del hábito tabáquico, actividad física de intensidad moderada regular, alimentación saludable, y la pérdida de peso en individuos con sobrepeso u obesidad.

Cesación del hábito del tabáquico

Los beneficios asociados al abandono del tabaquismo están ampliamente documentados. En breve, tras 5 años de cesación del hábito, el riesgo de IAM se reduce en un 50% versus un fumador activo y tras 15 años, se asemeja al de una persona que nunca ha fumado. A edades avanzadas, el abandono del hábito también tiene beneficios: a los 66 años, los hombres y las mujeres ganan 2 y 3,7 años de vida, respectivamente.

Actividad física

La actividad física regular reduce la morbi-mortalidad CV a través de la reducción del colesterol LDL o “malo” (entre 3-6mg/dL), la presión arterial sistólica (entre 2-5mmHg), la diastólica (1-4mmHg) y aumento del colesterol HDL o “bueno” (2.5mg/dL). Estos beneficios para la salud se incrementan con una actividad física de mayor duración e intensidad. Las personas de todas las edades deben realizar actividad física de intensidad moderada-vigorosa como mínimo 150 minutos a la semana, idealmente 30 minutos al día, todos los días.

Dieta saludable

Los hábitos alimentarios influyen sobre el Riesgo cardiovascular al estar directamente relacionados a la presión arterial, diabetes, colesterol y peso. Una dieta rica en verduras y frutas, productos lácteos bajos en grasas y con bajo contenido de grasas totales y saturadas se asocia a reducciones de PA de entre 8-14mmHg. Por otra parte, los cambios observados en los niveles de TG pueden ser de mayor magnitud, con disminuciones de hasta 50%, especialmente si se logra bajar de peso, disminuir la ingesta calórica proveniente de carbohidratos refinados y eliminar el consumo de alcohol.

Alcohol

El consumo abusivo de alcohol se asocia a efectos dañinos para la salud como cirrosis hepática, pancreatitis, cardiomiopatía, hipertrigliceridemia, HTA, sobrepeso y ataque cerebrovascular hemorrágico, entre otros.

Control del sobrepeso y obesidad

Existe una relación lineal positiva entre el nivel de sobrepeso y obesidad con la mortalidad por todas las causas. Por otro lado, a mayor baja de peso, se logran mayores beneficios en salud; reducciones de tan sólo 5% del peso corporal provocan disminución de la glicemia o “azúcar”, triglicéridos y del riesgo de desarrollo de Diabetes Mellitus. Una mayor baja de peso se ha asociado adicionalmente a mejorías en los niveles de colesterol y reducción de la presión arterial. Sin embargo, la indicación del tratamiento farmacológico no se debe postergar por falta de adherencia a los cambios en el estilo de vida y es necesario que las personas se acerquen a su centro de salud.

Finalmente hacemos un llamado a acudir al consultorio y poder realizar una evaluación de salud Integral, para pesquisar factores de riesgo cardiovascular por un equipo multidisciplinario que comprende: nutricionista, enfermera y médico, y así iniciar cambios tanto en estilo de vida como en el inicio de tratamiento farmacológico si este fuese necesario, lo que al futuro se traducirá en más y mejores años.

Felipe Seguel Yáñez

Médico Cesfam Paihuano.

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