Miércoles, 25 Mayo 2016 03:09

LA DANZA: ASÍ COMO ARRIBA ES ABAJO

Valora este artículo
(6 votos)

“En el principio era la Danza, y la Danza era Ritmo. Y la Danza estaba en el Ritmo. En el principio era el Ritmo, todo ha sido hecho por él, y sin él nada ha sido hecho” (Serge Lifar, bailarín ruso)

Las civilizaciones antiguas vivían en armonía con el Cosmos pues entendían que el ser humano estaba indisolublemente ligado a los ritmos del Universo. En este contexto, los antiguos buscaron entrar en íntima comunión con este orden cósmico, y a través de danzas de naturaleza sagrada intentaron sintonizarse con los movimientos de los astros, representando corporalmente el principio de correspondencia: “Así como es arriba es abajo”.

El primero en usar la palabra “Cosmos” fue Pitágoras, quien habló de un “orden universal “postulando que éste podía plasmarse en la Tierra. En consonancia con esto, la escuela pitagórica otorgó gran importancia a la música y la danza, pues consideraban que estas dos disciplinas eran una forma sencilla de entrar en comunión con la armonía de las esferas.

Este orden cósmico era bien entendido por los danzantes de la antigüedad que observaban en el cielo el movimiento ordenado de los cuerpos celestes y luego buscaban imitarlos a través de sus movimientos, convirtiéndose así en “pontífices” (puentes de la Belleza), es decir intermediarios entre el Padre Cielo y la Madre Tierra, para participar activamente en los ritmos y en el orden cósmico de los cuales se sentían (y eran) parte.

Toda danza sagrada primordial era concebida entonces como un “espejo del firmamento”, una forma válida de establecer una conexión con la Fuente Primordial a través de un cuerpo en movimiento y una mente serena.

No es raro que –aún hoy– los bailarines experimentados afirmen que la danza sagrada es una “meditación en movimiento” o bien de una “oración corporal”, donde el parloteo de la mente racional se va diluyendo poco a poco al mismo tiempo que el ejecutante accede a estados de conciencia superiores.

Tal vez por esto, el gran místico Rumi (1207-1273) decía: “Varias son las sendas que conducen a Dios y yo he elegido la senda de la danza y de la música”, y su ejemplo fue perpetuado por las escuelas de los derviches, que consideran que todo en el cosmos danza (samâ) al son de una melodía trascendente, desde los átomos a los planetas, y por eso danzar es trascender para participar del movimiento universal.

Visto 302 veces
Más en esta categoría: « EL HOLOGRAMA, MODELO DEL UNIVERSO